Sin duda que estos largos días de confinamiento han sido una prueba en muchos aspectos para nosotros. Tanto lo emocional, lo mental, lo físico y lo espiritual se han visto ‘tocados’ en distinta medida en nuestro Ser, y de alguna forma nos hemos visto obligados a replantearnos y readecuarnos a esta forma de transitar el día a día que ya no es la misma de antes de este 2020.

¿De qué nos hemos alimentado últimamente?

Es probable que nuestro cuerpo haya sufrido ciertos excesos producto de una limitada actividad física o por sentirnos un tanto ansiosos, o confundidos, o desesperados por todo lo que provoca este estado de Pandemia en el mundo y que nos afecta directamente a todos. Porque interiormente todo está ligado: lo que sentimos, lo que pensamos, lo que hacemos, lo que reflexionamos se enaltece o se afecta entre sí. Se nos enseña que, por ejemplo, si vivimos preocupados por las apariencias, y sufrimos por el cuidado de cosas materiales y superfluas, nos estaremos alimentando de ansias y de arribismos; si los conflictos afectivos y emocionales no son enfrentados con sinceridad, culminaremos en la gula e intoxicación del cuerpo; si exageramos con la bebida alcohólica o con el tabaco, o caemos en las drogas, haremos descender poco a poco nuestra dignidad y, probablemente, sin vuelta atrás.

De igual manera debemos poner atención en nuestra alimentación ‘intelectual’, porque si exageramos en el uso y creamos dependencia de aquello que se nos muestra y se nos ofrece en Internet, en la Televisión y en otros medios sociales, obtendremos finalmente una mentalidad banal y una cultura artificial… y quizás sin darnos cuenta.

Hoy en día el mundo nos ofrece alimento con diversos niveles de procesamiento, aunque no todo va en beneficio de la buena salud de nuestro cuerpo. Los altos niveles de enfermedades, de intoxicación y de obesidad que se aprecian más que nunca antes en todo el planeta, debiera ser para todos nosotros una alarma urgente de la cual tenemos que hacernos cargo. Porque al capitalismo mundial con sus empresas muy bien lucradas en el campo de la alimentación y de los fármacos simplemente no le conviene cambiar este sistema perverso y, por lo tanto, nada harán al respecto.

¿Dónde está entonces la buena alimentación?

La buena noticia es que aún podemos optar por hacer lo bueno, lo correcto, lo justo, LO SANO, y así no hundirnos junto a quienes no quieren aceptar que todo ya cambió y que todo depende de nuestra propia nutrición en todo su espectro. El cuerpo exige lo suyo: investiguemos entonces cuáles alternativas naturales o buenos métodos nutricionales existen, examinemos los índices de nuestro cuerpo, cultivemos dentro de lo posible nuestros propios vegetales, seamos moderados en el comer y en el beber, etc.

Y también cuidadosos cuando hablamos ya que las palabras también son un alimento; porque, por ejemplo, si en lo que expresamos incentivamos una expectativa estamos alimentando una espera y una esperanza, y quien la recibe espera ser complacido de acuerdo a esa palabra. El no hablar cosas que sean mala alimentación para otros y, por el contrario, ocuparse de que esto que verbalizamos sea una buena nutrición para el oyente, es una forma muy noble de relacionarnos con los demás y refleja aquello que vive en nuestros pensamientos. De seguro nuestra alma agradecerá e irradiará esta expresión de amor en todo nuestro Ser.

Por su parte, lo Espiritual exige su alimentación y, como decíamos, ésta no está separada de la alimentación corporal e intelectual, porque sólo si éstas están armonizadas entre sí, el Espíritu podrá ser engrandecido con el pan de la Oración, de la Meditación y de toda Enseñanza y Doctrina Sabia de Cristo nuestro Dios. Porque Él en su infinita Sabiduría nos enseña cómo podemos enfrentar estos Tiempos que nos estremecen, lo que nos permite darle un sentido trascendente a nuestra existencia y nos libera de toda aquella dependencia y esclavitud que el mundo siempre ha querido imponer en nuestra vida.

Y esto siempre ha sido así: lo Creado por Dios requiere una saludable alimentación que está en nuestras manos brindársela. ¿Acaso Dios no nos bendecirá por esto en gran medida?

Los antiguos sabios nos enseñan: “Observa cómo, con qué se alimenta, en los tres campos, un Sujeto y obtendrás su categoría entre ‘digno’ o ‘indigno’.”

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