La Sanación

 ¿Por qué nos enfermamos?

Estamos de paso por este cuerpo; el Espíritu que nos vive se halla temporalmente en él. Es decir, tenemos un cuerpo carnal que envejece, enferma y muere, pero también poseemos un Ser Interior que nunca muere. La enfermedad es un recuerdo doloroso de que lo carnal pasará, y es una invitación urgente para dedicarnos a cultivar lo espiritual.

¿Pero, a qué se debe que unos enfermen más que otros, o que una enfermedad crónica nunca nos abandone?

Si todo comenzara al momento de nacer, las cosas tendrían siempre una causa conocida. Lo cierto es que nuestro Espíritu ha recorrido un largo camino de existencia; desde su primera toma de conciencia con el Padre Creador, y en cada estado de vida hemos acumulado causas buenas y malas, en modo que cuando vivimos en lo temporal de este mundo, en este cuerpo, arrastramos condiciones que tenemos que aprender a conocer, y con las cuales debemos aprender a vivir. Así, una enfermedad puede ser el efecto de una “deuda” acumulada, que debemos superar y trascender en esta vida. Pero también “atraemos” enfermedades por nuestro tipo de vida y por nuestros errores de aquí y ahora. Así como también generamos enfermedades por estados emocionales y psicológicos. En todo caso, y ante cualquier tipo de mal, la Fe en Cristo puede hacernos superar lo que nos aqueja.

¿Toda enfermedad puede superarse con la Fe en Cristo?

Siempre que enfrentamos la enfermedad pensamos en su contrario: la sanación. Lo primero que debemos hallar es la causa de la enfermedad, pues puede ser de proveniencia tan simple como de los propios errores, o pudiera proceder de causas misteriosas. Una vez identificada la causa, buscaremos la respuesta en CristoJesús para superar la prueba y salir de ésta en la forma que Dios quiere, y no como uno piensa o desea.

¿Basta con orar y pedir una bendición?

En ciertos casos una Oración sincera es suficiente, y en otros, una Bendición es una gran ayuda; pero eso dependerá de lo arraigado del mal y de lo profundo del problema. A veces, cuando se trata de aberraciones muy arraigadas en   la   persona, o    negligencias   muy severas,  una  simple  Oración  desesperada  no basta, y una Bendición puede purificar el dolor, pero no eliminar  el mal mismo. Siempre, y en todo caso, la Fe de la persona y su inocencia de corazón, su honestidad para hallar los caminos de Dios, hace la gran diferencia.

¿Cómo hacer  esto, de la forma correcta?

Ese es el rol del Sacerdote. Este es quién debe guiar al que sufre hacia la solución que Dios quiere y propone. La presencia, bendición u oración del Sacerdote, muchas veces, no es suficiente. En ciertos casos basta con eso, pero en otros no. Las formas correctas son conocidas por el Sacerdocio de Cristo.

¿Siempre debemos acudir al Sacerdote?

Siempre que no tengamos algún grado de Consagración… Pero la mejor manera de hallar el propio camino y, además, ayudar a otros, es adquiriendo uno mismo el Sacerdocio.

¿Cómo se debe entender el tipo de mal que se genera por emociones o por factores mentales?

Toda enfermedad posee su grado de causa emocional, y siempre éstas tienen un efecto en lo psicológico. En ambos casos, la respuesta del camino espiritual suele  ser aún más importante y vital, la Fe y la buena práctica de la Consagración son las armas reales para superar estos males.

¿Y las enfermedades mentales o de incapacidad física desde el nacimiento?

Suelen enmarcarse en las “causas de deudas” que no pertenecen a esta vida, sino que a hechos anteriores. Son, generalmente, pruebas para la familia, más que para el mismo enfermo.

¿Cuál debe ser, entonces, la postura correcta ante la enfermedad?

Lo correcto es aceptar la enfermedad, la vejez y la muerte como condiciones naturales e innatas a la vida en este mundo temporal. Lo justo es prevenir la enfermedad con un estilo de vida sana, y una existencia  dedicada a la Fe en CristoJesús. Lo que Dios nos pide, ante la enfermedad, es una introspección sobre nuestro modo de vida, nuestros errores y falencias. Muchas veces el odio, la ira, las culpas suelen causar enfermedades graves. El miedo, la duda permanente causa  males crónicos. Siempre será sabio mantener la calma ante el mal y dedicarse a indagar: ¿Para qué? ¿Qué me quiere decir Dios con este mal? ¿Cuál es la causa?  ¿Qué me pide Dios para superar este mal? 

¿Puede causarse mal o enfermedades por medio de brujería?

La hechicería existe, como existen los adoradores del Demonio. Las Tinieblas son un poder, y ese poder puede causar daño, e incluso puede provocar aparente bienestar. Es decir, una enfermedad podría ser “aliviada” por una hechicería, pero nunca sanará las causas del mal, por lo que el mal volverá. Y la hechicería  siempre “toma algo como pago” y nunca hace lo suyo sin un oscuro interés. Puede provocar una enfermedad o causar un mal solamente, siempre y cuando, exista una puerta abierta en la víctima, es decir, que quién recibe el hechizo esté débil en su Fe, esté llena de ira, rabia, oscuras intenciones, bajos instintos, venganza, deseos pasionales, adulterio, etc. Si uno está firme en la Fe, y constantemente se purifica con la Oración, preguntando a Cristo sobre lo que Dios Padre quiere que uno haga… no hay mal posible que entre, aún si lo intenten mil hechiceros.

¿Pueden extirparse estos males provocados por hechicería?

Se deben dar dos condiciones para extirpar el Mal de raíz:

1) que la víctima se entregue con Fe a los designios de Dios y opte por ser una persona de Fe constante y activa;

2) que sea un Sacerdote con Sellos auténticos quien lleve a cabo la labor de purificación.

Es decir: la Fe de la persona y la Autoridad del Sacerdote son las dos claves para que el mal sea vencido para siempre.

¿Cómo dedicarnos al Espíritu y a Dios habiendo tanto de que ocuparse en este mundo?

Ese problema existe cuando separamos las cosas inmediatas de las cosas de Dios. Así, creemos que dedicando unas horas a Dios, un domingo o un sábado, ya estamos cumpliendo; y nos complica dedicar más a Dios por que… “no tenemos tiempo”. Pero si vemos el valor de la Fe en lo que hacemos como trabajo, y aplicamos los principios de la Fe en el sustento, y somos coherentes con la Fe en nuestras relaciones, y no cedemos ante lo que nos coloca en contra de nuestras creencias… estamos aplicando un precepto Crístico fundamental: “Estar en el mundo, sin Ser del mundo”. Solamente cuando colocamos a Dios en todo lo del mundo, no para mundanizar lo de Dios sino que, por el contrario, para Divinizar lo del mundo, estaremos uniendo nuestra vida bajo una sola guía, una sola autoridad. Es una cuestión básica de actitud ante la vida. Si Dios está en todo, todo estará tocado por la mano de Dios. La vida misma debe ser una constante Oración.

Si vivimos así, ¿para qué nos sirve ser sacerdotes?

Si ya vivimos así, somos bendecidos. Con la Gracia del Cristo Salvador y nuestra Fe y la coherencia de vida en la Oración, ya somos bendecidos. El Sacerdocio hoy, bajo este Tiempo de Vísperas del Milenio de Paz, Tiempo de Tribulación y Espera de la Segunda Gran Venida del Cristo Dios, tiene por objeto servir al Plan de Dios Padre no según lo que podamos ofrecer o queramos ofrendar, sino que según la plena obediencia a la Voluntad del Padre y de CristoJesús. El Sacerdocio de la Ley de Cristo no es para alzar reinos  terrenales, sino que es para servir al Plan del Reino.

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