El Cristo en el que creemos

La imagen de un Hombre santo y mártir, que aparece en nuestra historia hace más de dos mil años, representaba para los hombres de ese tiempo la esperanza de libertad sobre la opresión romana, y ellos organizados anhelaban que se declarara como el Mesías, para iniciar la batalla libertaria. Y así como los primeros esperaban un Mesías de corte Político, y entregaron connotaciones que Cristo en Jesús jamás tuvo; hoy la Cristiandad ha otorgado a la persona de Jesús toda connotación necesaria a sus propósitos personales e institucionales, disociando al Cristo de Jesús, pocas veces explicando la calidad divina del Cristo y el preciso rol en los Hechos de Salvación.

En el comienzo del Evangelio de Juan, se describe la calidad del Cristo en el cual creemos, señala que en el principio, comprendiéndose por el principio, al inicio de la creación y de todo tipo de vida, más allá de este mundo-que es uno más entre toda la creación- en ese principio enseña Juan, existía el VERBO, y el VERBO (o PALABRA, según otras traducciones) ERA Dios y ESTABA con DIOS. Esto revela con claridad meridiana que el VERBO, el CRISTO, existía en conjunción con el PADRE DIOS, era también un DIOS y en los Cielos estaba. Muchas otras enseñanzas de las Sagradas Escrituras vienen a sustentar la indesmentible calidad divina del Cristo y su existencia desde siempre… “Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, que es Dios y que vive en íntima comunión con el Padre, nos lo ha dado a conocer (Jn 1,18)”; “Os aseguro que yo existo desde antes que existiera Abraham (Jn 8,58)”; “Cristo existe antes de todas las cosas, y por él se mantiene todo en orden (Col 1,17)”; “Cristo había sido destinado para esto desde antes de la creación del mundo (1 P 1,20)”.

Las manifestaciones espirituales tienen necesariamente que materializarse de alguna manera, para que tengan su modo de expresión en un mundo como el nuestro, concreto y tangible. Y la materialización de un Plan Celestial, maravilloso, pleno de amor y de justicia, se concretiza en Jesús y en los Hechos de la Salvación.

De este modo, asumiendo la calidad divina, celestial, eterna del Cristo, podemos comprender que Cristo Dios encarna en Jesús; Jesús y Cristo se unen y son Uno en la Carne sin dejar de ser Dios en la Tierra. Jesús es el hombre, la Carne, el cuerpo que recibe al Verbo, al Dios de los Hombres y de los Ángeles, el Alfa y la Omega… al Cristo. Se materializa el Plan en un Hombre, plan destinado a liberar al Hombre de una esclavitud que hasta hoy pocos comprenden.

En los tres días, durante los cuales Cristo ejecuta la SALVACION entra a la muerte donde Lucifer era el príncipe gobernante y arrebata de sus garras las Llaves de la muerte, con su Autoridad cierra los Abismos, la instancia por donde pasaban las Almas para retornar a la Carne en el total olvido de sus vidas anteriores, elimina la Ley de Reencarnación o Retorno Permanente al que estaba sujeto el Hombre. (La elimina como única ley permanente de deuda personal) e Instaura la Ley de Resurrección, permitiendo desde estos Hechos que el hombre acceda a la vida después de la muerte, es decir que siga consciente después de muerto el cuerpo, lo que se llama Inmortalidad o Vida inmortal.

 

Siendo Dios, abre Los Cielos, instancias que estaban cerradas para el hombre hasta estos Hechos de liberación. Gracias a la Ley de Salvación el hombre puede acceder después de la muerte a las muchas instancias del Padre para que los Hombres las habiten. Cada persona llegará a la instancia que le corresponda de acuerdo a su siembra en esta vida.

 

Despierta a los Santos que dormían en espera de la Resurrección y los eleva a Su Derecha. Permite la activa presencia del Espíritu que originalmente colocó Dios Padre en cada ser. Al tercer día Resurreccionó, se presentó a sus apóstoles, dejó mandatos, selló misiones y entregó el nuevo sacerdocio. Por 40 días visitó a “sus otras ovejas” en otros puntos y civilizaciones del planeta, esto quiere decir que Cristo Dios tuvo relación con el resto de las tribus de Israel (“perdidas”) y con otros pueblos que sabían de su resurrección y eran parte del Plan. El último hecho es su ascenso y después de 40 días, gracias al Hecho Crístico (este hecho del Cristo en los tres días), El Espíritu Santo se manifiesta al Hombre de fe, en el Hecho de Pentecostés.

Sin el Cristo Dios viviendo en el hombre Jesús no podría haber dado cumplimiento a la verdad de su Rol y Enseñanza. Cristo para los Hombres de este Mundo se halla ligado a la exclusiva imagen de Jesús, inevitablemente, pero es deber de Fe comprender, vivir y discernir a Dios en su realidad eterna, porque el Verbo, el Cristo, es Eterno y vino a cumplir un Plan para elevar al Adán Caído y abrir las puertas del Cielo para que éste recuperase su calidad original.

Asumimos al Cristo como un Dios Universal, Justo, Misericordioso…Celestial y Cósmico… que se ha manifestado al Hombre desde siempre. Cristo, un Dios de Victoria y Libertad… En este Dios Vivo creemos, a Él servimos, y por Él nos dejamos conducir, herederos de su mensaje, de su Paz y de su Propósitos de redención para el Hombre… compartimos nuestras certezas para que la búsqueda de espíritus inquietos alcancen el más bello tesoro, a CRISTO.